Catherine
Willoughby casi podría decir que la casa de los duques de Suffolk era su hogar,
ya desde bien pequeña, cuando su padre falleció, el rey la había mandado a
vivir con su hermana y su cuñado, además se tenía en mente el matrimonio entre
la pequeña Catherine y el hijo de los duques.
El tiempo
pasó y Catherine se convirtió en una bella y dulce dama con muchos encantos y
virtudes que no pasaban desapercibidos para nadie, y menos para el duque. Hacía
bastante tiempo que la duquesa y hermana del rey había fallecido, y tras
guardar el luto, Charles tenía en mente tomar una nueva esposa, y la idea de
que fuera su pupila, le rondaba la mente con cada vez más insistencia.
No sabía de
qué manera planteárselo a la joven dama sin causarle temor, ya que mientras él
era un hombre maduro, la dulce Catherine no contaba ni con 20 años de edad,
además su fama de mujeriego era otro aliciente más que podría a llevar a
Catherine a rechazar su matrimonio.
Un día
soleado amaneció en Inglaterra, por lo que el rey Enrique invitó a su amigo
Charles Brandon a dar un paseo a caballo, el duque aceptó como no podía ser de
otra forma, aparte de que Enrique era su rey, era su mejor amigo, y podría
aprovechar el paseo para pedirle consejo sobre su idea de matrimonio. Cuando
Charles se disponía a salir al encuentro del rey, encontró a su pupila sentada
bajo una sombra, muy entretenida leyendo un libro, no dudó en acercase para
saludar.
-Buenos días
Catherine, ¿disfrutando de la espléndida mañana que tenemos?-
-Buen día
excelencia- saludó Catherine con una amplia sonrisa- No podía desaprovechar la
tregua que nos ha brindado el cielo-
El duque
asintió también con una sonrisa que la joven le había contagiado- Desde luego
que no. No os molesto, he de salir, que paséis una buena mañana.
-Lo mismo
digo excelencia- contestó Catherine y le despidió con la mano.
Charles cogió
su caballo y cabalgó hasta el punto en el que había quedado con el rey, el cual
ya estaba esperando.
-Charles
espero que traigáis una buena justificación por vuestro retraso- dijo el rey
fingiendo estar enfadado- hacer esperar a vuestro rey, debería mandaros a la
torre-
El duque bajó
de su caballo y se inclinó ante su rey sonriendo, sabía que Enrique bromeaba
pero aun así se disculpó, como debía de ser.
-Lo siento
majestad, me he entretenido con mi joven pupila- explicó Charles.
El rey hizo
una señal de aprobación tras escuchar a su amigo
-Si la causa
de vuestro retraso ha sido una mujer, entonces estáis más que perdonado-
Enrique soltó una carcajada y le hizo una señal a Charles para subir nuevamente
a su caballo y seguir el camino.
Anduvieron un
largo rato conversando animadamente de temas de diverso índole, el rey
aprovechó para comentarle algunos asuntos de estado y para quejarse de que su
matrimonio con la reina Ana no daba el fruto que esperaba.
-Prometió
darme un hijo sabéis, un hijo varón que fuera la viva imagen de su padre y de
momento solo tenemos una niña- comentaba el rey con cierto enfado –Aunque aún
somos jóvenes, y por la gracia de Dios tendremos hijos.
Decidieron
pararse en un remanso de agua para darle descanso a los caballos y se sentaron
para seguir charlando.
-Majestad,
precisamente sobre matrimonio quería pediros consejo-
Charles
pensaba que su amigo mejor que nadie sería el más indicado para aconsejarle que
hacer con el tema de Catherine. Enrique asintió y le animó a que siguiera
hablando.
-Veréis,
tengo pensado tomar una nueva esposa, y mi elegida es mi protegida, Catherine
Willoughby, pero dada mi edad, y mi fama con las mujeres, no sé cómo plantear
el asunto sin asustar a la dama- Explicó su excelencia mientras el rey le escuchaba
atento a sus palabras, cuando terminó de exponer la situación le tocó el turno
de palabra al rey.
-Excelente
elección, lady Catherine es una encantadora dama y muy bonita- alabó el rey a
la joven –Aunque dejad que os diga que ardua tarea tenéis si lo que queréis es
limpiar vuestra fama Charles- bromeó Enrique- No le digáis directamente vuestra
intención, cortejadla, que vea que estáis enamorado de ella, y a la vez
llenarla de atenciones- aconsejó el rey- Si vuestra pupila se enamora de vos,
no le importará vuestra edad, ni vuestra fama, se casará con vos-
-Gracias por
los consejos majestad, creo que es lo que intentaré hacer- dijo el duque
agradeciendo el sabio consejo- aunque según comentan alguna de sus damas,
Catherine demuestra un cierto interés por mí-
Tras
finalizar el paseo Charles llegó a su casa reflexionando, las palabras del rey
iban y venían en su cabeza, y esa noche decidió comprobar que tanto interés
tenía la dama en él. Mandó a un muchacho a buscar a lady Catherine, para
preguntarle si le gustaría cenar con él. Como ella aceptó, se pasó la tarde
pesando como demostrarle su amor.
Lady
Catherine estaba entusiasmada por la invitación de su excelencia, rara vez
cenaban juntos si no era por un motivo especial. Lavó su pelo con esmero y
eligió un bonito vestido con el que impresionar al señor Brandon. A la hora de
la cena, se dirigió al comedor con una mezcla de sentimientos aflorando, estaba
nerviosa a la par que emocionada.
-Estáis
radiante Catherine- sólo pudo pronunciar esas palabras ya que estaba extasiado
mirando a la joven. Se acercó a ella y tras tomar su mano, dejó un beso en
ella.
-Gracias
excelencia- de la boca de ella tampoco salían muchas palabras, ya que estaba
maravillada, pues el duque nunca la había mirado de aquella manera.
La cena fue
muy amena y la conversación de diversa índole, aunque ninguno de los dos podía
apartar la mirada del otro. Antes de retirarse cada uno a su alcoba, se
despidieron acordando ir a dar un paseo cuando los asuntos del duque se lo
permitieran. Después de la cena de esa noche ambos pensaron lo mismo “Creo que
está enamorado/a de mi”.
Las chismosas
damas de Catherine habían hablado de más, pero no por ello dejaban de tener
razón, desde hacía ya algún tiempo miraba al duque con otros ojos, incluso
pensaba que estaba mal sentir algo por el que había sido su protector, era como
insultar la memoria de la fallecida duquesa.
El paseo
prometido se hizo esperar, ya que el rey Enrique mantuvo la mayor parte del día
al duque ocupado con sus asuntos, al caer la noche, cuando este regresó a su
casa, envió de nuevo al muchacho para disculparse con ella. Los dos días
siguientes fueron eternos para Catherine, ya que no veía el momento de volver a
compartir un rato con Charles.
En la mañana
del viernes sentada se hallaba bordando lady Catherine, más atención estaba
prestando a sus pensamientos que a la labor que estaba haciendo, por lo que
inevitablemente se pinchó el dedo con la aguja.
-Eso os pasa
por estar pensando lo que no debéis- se reprendió mentalmente la propia
Catherine.
En ese
momento Charles Brandon apareció en la alcoba y a la joven le dio un vuelco el
corazón; parecía que el momento del paseo prometido había llegado.
-Espero que
sepáis perdonarme Catherine- se excusaba su excelencia mientras paseaban por
los jardines- He estado muy ocupado con los asuntos del rey, pero sabed que
siempre sacaba un momento para pensar en vos.
Lady
Catherine le dedicó una dulce sonrisa –No tenéis que disculparos excelencia, el
trabajo es lo primero- dijo Catherine, que si ya de por si iba en una nube por
ir del brazo de Charles, al escuchar que estaba en los pensamientos del duque,
se sintió la mujer más afortunada de Inglaterra.
-Por favor
llamadme solo Charles, me gustaría que relajáramos ese trato tan formal-
La dama
asintió y ambos disfrutaron de un agradable paseo.
Con el comienzo
del mes siguiente llegaron las malas noticias, el rey Enrique le había
encomendado una misión al duque de Suffolk, por lo que este debía viajar a
Francia y permanecería allí dos semanas. Con gran pesar se lo comunicó a
Catherine, las cosas empezaban a marchar tan bien con ella, que no quería
dejarla.
El día que
tenía que partir, se despidieron con gran tristeza:
-Catherine,
os dejo a cargo de mi casa, espero que cuando vuelva esté de una pieza-bromeó
para hacer la despedida algo menos amarga.
-No os
preocupéis, encontraréis todo como lo dejasteis-
Se
despidieron con la promesa de escribirse y el duque le dio a Catherine un beso
en la mejilla que casi rozaba sus labios.
Los dos
cumplieron la promesa de escribirse, y lo hacían con bastante frecuencia,
contándose cómo había ido el día o alguna anécdota divertida que les ocurriera.
Catherine se pasaba los días esperando las cartas de Charles, cada vez tenía
más necesidad de tener noticias suyas, y saber que se encontraba bien.
Dos días
antes del regreso del duque, este le envió una carta que llenó de entusiasmo a
la joven.
-Dice que en
dos días regresa, pero que debe ir directamente a ver al rey, este quiere que
asista a un baile que se celebrará en la corte- comentaba Catherine a una de
sus damas- y también dice…- Tuvo que leer dos veces la última parte de la carta
para dar crédito a lo que estaba leyendo- Dice que me manda su amor y devoción-
le repitió con júbilo las palabras de su excelencia a lady Alice.
Los dos días
anteriores al baile y al regreso de Charles, Catherine leía y releía la última
carta que este le había enviado, no cabía en sí, el duque le enviaba su amor y
devoción, su amor, a ella. Por fin llegó el día del reencuentro, cuando llegó
el enviado del rey. Lady Catherine ya estaba lista para partir hacia la corte,
al llegar buscó con la mirada pero no había rastro de Charles, saludó a la
reina con una reverencia e incluso le dedicó una sonrisa, y eso que la reina
Ana no era de su agrado, pero nada podía estropear su felicidad.
Pasado un
instante entraron dos personas en el salón de baile hablando muy alto y riendo:
Uno era el rey, que estaba encantado y felicitaba a Charles, al parecer este
había conseguido una alianza anglo-francesa muy ventajosa, y al lado de
Enrique, ahí estaba él, con su buen porte y aunque parecía cansado no podía
ocultar su satisfacción por haber cumplido la misión que su rey le había
encomendado.
Cuando
Enrique se reunió con su reina, Charles corrió hacia donde se encontraba
Catherine y se fundieron en un tierno abrazo. Fue él el primero en pronunciar
una palabra.
-Dios
Catherine, no sabéis cuanto os he llegado a echar de menos- y sin más
preámbulos le dio un beso fugaz en los labios.
Ella estaba
feliz por tenerle de vuelta y tras el beso consiguió hablar:
-Hasta que no
os habéis ido no me he dado cuenta de la falta que me hacéis-
Pasaron una
agradable velada, comieron, bebieron bailaron y charlaron con el rey hasta que
llegó la hora de volver a casa, y estaba a punto de llegar el momento más
importante de la noche, y que cambiaría la vida de Catherine por completo. Se
encontraban en el carruaje de camino a casa comentando la fiesta a la que
acababan de asistir, y algo somnolientos por la hora que era, entonces el duque
se armó de valor y se sinceró con su amada dama.
-Catherine,
hace mucho que quiero deciros lo mucho que os amo, sois mi primer pensamiento
de la mañana y el último de la noche, sois muy importante para mí, no concibo
mi vida si no estáis vos en ella, porque no puedo vivir sin vos, esa es la definición
del amor que por vos siento- tras decir eso cogió la mano de Catherine y
finalmente le hizo la propuesta que tanto tiempo llevaba esperando.
-Compartid
vuestra vida conmigo, Catherine, casaos conmigo-
Una gran
alegría recorrió las entrañas de ella, y varias lágrimas afloraron de sus ojos.
-Claro que me
casaré con vos, no pienso hacerlo con nadie más- dijo emocionada Catherine y
nuevamente se besaron, pero esta vez no fue un beso fugaz, fue un beso de amor
verdadero, el primero de muchos...
FIN



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