lunes, 8 de abril de 2013

Un deseo hecho realidad

Aquí tenéis mi primer relato sobre el día más feliz de mi vida, el nacimiento de mi hijo.

Un deseo hecho realidad



La mañana del 12 de octubre amaneció fría y lluviosa en Londres, como cada mañana la reina Jane despertaba con la salida del sol, a pesar de que su estado requería reposo, ella seguía madrugando como estaba acostumbrada a hacer. Jane abrió los ojos y con una amplia sonrisa llevo las manos a su abultado vientre y lo acaricio como si de algo delicado se tratara. El embarazo de la reina había llegado a su fin y todos ansiaban que llegara el feliz momento del alumbramiento.

Tras vestirse y acicalarse, la reina Jane desayunaba huevos de codorniz, un manjar ya frecuente en su dieta desde que había quedado en estado, mientras sus damas se dedicaban a abrir paquetes con cuidado, todos regalos que la reina recibía para el hijo que estaba a punto de tener. Jane las miraba sonriendo mientras pensamientos contradictorios invadían su cabeza.

-Todas las prendas que mandan son de niño pero ¿Y si fuera una niña?- la sonrisa que se había dibujado en su cara se apagó de repente. Ser madre era una de las cosas que más deseaba, pero por otra parte deseaban aún más hacer feliz al rey dándole un heredero varón.

Una vez hubo terminado de desayunar y con esos pensamientos que le perturbaban alejados de su mente, Jane se unió a sus damas abriendo regalos.

-Majestad, esto lo envía la duquesa de Suffolk- dijo lady Rochford mientras le entregaba una suave y preciosa manta bordada a mano a la reina. Jane la cogió con cuidado asintiendo con una sonrisa.

-Lady Rochford, ¿querréis escribirle una nota de agradecimiento en mi nombre?-  La joven asintió mientras Jane miraba la manta con ternura, imaginándose a su hijo en sus brazos envuelto en ella. La duquesa le caía bien, era una buena mujer, y su regalo le había encantado.
La mañana pasaba entre regalos y expresiones de júbilo y emoción de las jóvenes que rodeaban a la reina. Hacia media mañana la primera de sus damas anunció la visita de la hija mayor del rey, la princesa María. La princesa entró a la estancia y con el paso decidido y firme que la caracterizaba saludando a la reina con una reverencia.

-Lady María, ¡que placer veros!- la reina devolvió el saludo y sin más formalismos la abrazó.

-Buenos días majestad, vengo acompañada de un regalo del rey para vos- mientras la princesa hablaba risueña, dos mozos entraron a la sala cargando una cuna que depositaron frente a la reina. La cuna era realmente una obra de arte, de fina madera y con un dosel de seda blanco. La reina se limitó a sonreír ya que de su boca no podía salir palabra alguna; estaba muy emocionada.

Jane admiraba su nuevo regalo mientras sus damas discutían su futura ubicación. De repente sintió una gran punzada en el vientre, soltó un quejido mientras se llevaba una mano a este y con la otra sujetaba a la princesa. María la miró asustada y con la ayuda de otra joven llevó a la reina hasta su cama.

-¿Que os ocurre señora?- preguntó lady María con cara de preocupación y sin soltar la mano de la reina.

-Ya viene, no me dejéis sola María- Jane agarró con fuerza su mano mientras daba instrucciones de avisar al médico y al rey. La princesa asintió con una sonrisa serena, acariciando el pelo de la reina, con la intención de que se relajara.

En poco tiempo la alcoba de la reina se llenó de las personas que la iban a asistir en tan esperado momento. Con cada contracción Jane se retorcía de dolor en la cama mientras el médico revisaba que todo estuviera bien. A pesar de que sin duda el momento había llegado, la reina no conseguía dilatar lo suficiente. Empapada de sudor y cada vez más cansada por el esfuerzo, Jane empujaba sin lograr éxito.

Llegó la noche, y el amanecer del día siguiente y la reina seguía sin poder dar a luz, y lo que era peor, cada vez más débil. El médico estaba muy preocupado, de seguir la situación así, se vería en la obligación de ayudarse de sus instrumentos para hacerle el trabajo más fácil a la parturienta.

El día llegó a su fin y la joven reina estaba derrotada, sin fuerza si quiera para seguir con la tarea de empujar. En su pálida cara se veía reflejado los dos días de sufrimiento que llevaba, tenía ojeras, la mirada perdida y estaba empapada por el sudor. A pesar de que sus damas la limpiaban y la atendían correctamente y de tener a mucha gente a su cuidado, el estado de Jane empeoraba por momentos. Las peores sospechas del doctor se habían confirmado: tendría que ayudar a la reina a dar a luz.

Cómo era una decisión que se le escapaba de su alcance, el doctor se dispuso a hablar con el rey rápidamente. Le expuso la situación con la preocupación asolando su rostro; si la reina Jane no era intervenida inmediatamente, corría un grave peligro. Sin dudarlo dos veces, Enrique autorizó al médico a realizar todo lo que estuviera en su mano, tenía clara una cosa; no iba a permitir que un simple parto le arrebatara a su reina.

Sin más demora, el médico lo dispuso todo para atender a Jane, la cual tenía el mismo aspecto que una aparición. Antes del alba del día siguiente, unos llantos resonaron por todas las estancias de la reina. Finalmente todo había terminado y Jane había conseguido dar a luz.

-Enhorabuena majestad, habéis dado a luz un varón muy sano- Las palabras del médico sonaron como si de un susurro se tratara, sus labios esbozaron una débil sonrisa, cerró los ojos y rendida se entregó al sueño que tan dulcemente la llamaba.

Cuando abrió los ojos de nuevo, Jane no sabía cuánto tiempo había dormido, la alcoba estaba llena de caras que la miraban sonriendo. A pesar de que todo el mundo le hablaba, preguntándole por su estado o para darle la enhorabuena, ella solo tenía ojos para una persona, su marido.
El rey Enrique se encontraba en una esquina de la habitación, meciendo con delicadeza y mirando embobado al bebé que tenía entre sus brazos. No cabía más felicidad en él, su tercer hijo había llegado y era un varón, su ansiado heredero varón.

Jane miraba la escena desde su cama con una amplia sonrisa, sin decir nada, no quería interrumpir aquella visión tan bella. Cuando el rey se dio cuenta de que su esposa había despertado, se acerco a ella con el bebé en brazos y se sentó a su lado.

-¿Os encontráis bien querida?- preguntó Enrique y ella asintió sonriendo –Es un niño, Jane, me habéis dado un varón, le llamaremos Eduardo. Os amo Jane- comentó emocionado y sin poder articular más palabras besó con suavidad los labios de ella.

El rey hizo salir a todo el mundo de la alcoba para dejarla descansar, el siguió a toda la gente no sin antes besar de nuevo la frente de su hijo y entregárselo a su madre. Durante los meses que duró su embarazo, Jane se imaginó en numerosas ocasiones la primera vez que tuviera a su hijo en brazos, y por fin ese esperado momento había llegado.

Miraba al pequeño con ternura, estaba radiante y una gran sensación de felicidad recorría su cuerpo, era la criatura más hermosa que ella jamás hubiera visto. Había heredado el color rubio de su cabello y sus ojos azules, y aún así se parecía mucho a su padre.

Eduardo se revolvía en los brazos de la reina haciendo suaves ruiditos mientras ella no dejaba de mirarle. El príncipe se quedó quieto un instante y sus ojos azules se encontraron con los de su madre, tras mirarla un segundo hizo una mueca graciosa y en su cara se pudo ver una sonrisa. Esa conexión madre e hijo tan especial hizo que unas lágrimas brotaran de los claros ojos de la reina. La sensación de tener a tu propio hijo en brazos era una cosa que no se podía explicar, había que vivirla.

Aquella noche y durante tres días las campanas y los fuegos artificiales invadieron Londres, Inglaterra tenía un nuevo príncipe y heredero. Un precioso niño rubio que dormitaba plácidamente en su cuna bajo la atenta mirada de su madre.    



         FIN 


domingo, 7 de abril de 2013

Comenzando...

Como bien dice el título de la entrada, hoy empiezo a trabajar en este blog. Hay personas que llevan mucho tiempo sugiriéndome la creación de algo parecido donde publicar los relatos que poco a poco he ido escribiendo, pero hasta ahora no me había decidido. 

La mayoría de las historias que vais a leer aquí son inventadas por mi o basadas en roles. La temática os la podéis imaginar sabiendo cual es mi personaje en twitter-rol, aunque también mezclo personajes e historias de distintas sagas. En algunos relatos que publique aunque sean inventados por mi, no me alejaré mucho de la realidad, de lo que he podido leer acerca de esta dinastía o de la serie. Otros como podréis ver no tendrán nada que ver y serán como mi imaginación quiera diseñarlos.

De antemano os digo que no me considero muy buena escritora, pasable más bien, por eso acepto criticas constructivas de todo tipo para intentar mejorar poco a poco. Espero que os gusten las historias que voy a subir y acepto sugerencias para escribir otras, incluso si alguien confía mucho en mi, podría atreverme a escribir alguna historia que me pidieran.

Gracias por dedicar un ratito de vuestro tiempo en leerme.

Fdo: La user de Jane :D